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31 de julio de 2015
HUELVA
FERIA DE COLOMBINAS
CORRIDA DE REJONES 6 TOROS de
FERNANDO SAMPEDRO
Pablo Hermoso de Mendoza
Diego Ventura
ANDRÉS ROMERO
 
 
OTRA VEZ COMO SIEMPRE...

Hay días que tienen un sentido especial para los toreros. Por lo que encierran, por lo que arrastran, por adónde llevan, por lo que aportan. Días diferentes para uno mismo y por uno mismo. Días en los que uno se responde a muchas cosas si es capaz de ponerse ante sus preguntas. Días en los que, decididamente, creces o te quedas parado. Hay días que duran mucho más que un día dentro del torero. Que se viven desde mucho antes y que, quizá, terminan demasiado pronto también porque esto es así, no hay tiempo para pausas y hay que salirle al encuentro a días nuevos. Pero hasta para eso es necesario ser capaz de ponerse uno ante sus preguntas, mirarlas de frente y encontrarles respuestas. Almonte, Mont de Marsan y ahora Huelva dejan una conclusión en común: Andrés Romero se ha hecho más fuerte. Y como el artista es exactamente igual que el hombre que lleva por dentro, esa fortaleza que gana le hace también mejor artista.

 

Salió el onubense decidido a cambiar el argumento de las dos Colombinas precedentes, eso de dejarlo todo para el final aunque el final fuera apoteósico. Salió Andrés mentalizado de que es mejor pájaro en mano. Y fue la suya al primer toro de Sampedro una obra cimentada desde la base, levantada de abajo a arriba, con un sentido claro de adónde quería llegar. Ya con Carbón de salida demostró el toro que la raza la tenía en reserva. Reservón, obligó a Andrés a cruzar en banderillas esa línea que separa lo que no puede ser de lo que no tiene más remedio que ser y al clavar el primer palo con Cheke fue capaz de imprimirle a la batida al pitón contrario antes de clavar un tempo de más que pareció sostener en el aire esa misma batida para provocar la reacción del toro, dicho queda, a la expectativa. Eso le dio seguridad al rejoneador de Escacena del Campo, que no le volvió la cara nunca al requisito imprescindible de tener que exponer en cada embroque para que saliera puro y con transmisión al tendido porque el de Sampedro nada ponía de su parte. La cima de la faena -sólida, maciza y a más- llegó en un par al quiebro con Guajiro a toro y caballo parado, largo el cite, paciente y dándole al astado toda la ventaja de que se arrancara cuando quisiera. Lo hizo y, sobre los pies, quebró Romero y salió del encuentro todo en un mismo movimiento adornando luego la suerte con dos piruetas entre los pitones que incendiaron los tendidos de La Merced. Eso es valor, eso es capacidad. Eso es querer y eso es poder... Mantuvo Andrés su apuesta al clavar tres cortas con Bambú con el toro muy pegado a tablas y una rosa ya en los medios. Cayó un princhazo antes de un rejón entero que tiró al de Sampedro sin puntilla y la plaza se llenó de pañuelos más allá de la primera oreja. Se resistió el palco y no la concedió. 

 

Tocaba apretar, pues, en el sexto porque éste era un día especial y porque Pablo y Diego ya tenían su salida a hombros asegurada. Estando en casa y estando donde está, el de Huelva no podía permitirse verlos ir sin ir él también. Y se fue en busca de la suerte, fuera ésta como fuera, a portagayola junto a Perseo. Y aguantó la salida del toro, que medio se iba y medio se quedaba sin quedarse del todo. Incierto, como fue ya siempre. Toro con teclas que tocar. Toro de arriesgar y de dar varios pasos al frente, aunque toro también que tapaba sus dificultades, que no se traslucían al público en general. Cuando acometía, lo hacía a gran velocidad, cortando el viaje y poniéndose por delante. No permitía ni una sola confianza. Y Andrés, que lo sabía, optó por hacer del obstáculo empeño y ganar la batalla porque éste era un día especial. Le presentó el jinete a Huelva su caballo Odiel, que se llama así por Huelva. Y con Odiel ejecutó una tercera banderilla del más alto nivel al citar al toro con un tierra a tierra perfecto a metro y medio de los pitones, para echarse encima de él y dejar el rehilete entre el entusiasmo del tendido y la pasión desbordada del torero que sentía que ganaba. Amarró su triunfo otra vez con Bambú en la cortas, la última de ella con el estribo incluso tocando la madera de la barrera porque no cabía más. Y, esta vez sí, recetó un rejón entero que le dio la segunda oreja de la noche ya.

 

Y se volvió a oir ese bendito cantico que dice "Andrés, Andrés" de los niños de Escacena, que se vuelven a su pueblo más cargado de Romero aún si es que aún más se puede. Y las palmas a compás de la afición de Huelva que ya se acostumbra a celebrar con él. Y la vuelta al ruedo de la mano de Amelia, imprescindible en esta foto que ojalá se repita muchos años más. La de hoy ya la tiene Andrés Romero en el álbum de sus logros: otra vez a hombros por la Puerta Grande de La Merced, otra vez con Pablo y con Diego, otra vez yendo a su altura. En definitiva, otra vez como siempre...  

Ficha del Festejo
Plaza de Toros de HUELVA. Más de tres cuartos de entrada. Se lidian toros de FERNANDO SAMPEDRO.
 
Pablo Hermoso de Mendoza: oreja y dos orejas
Diego Ventura: ovación tras petición y dos orejas
ANDRÉS ROMERO: oreja con fuerte petición de la segunda y oreja
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