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20160717-jerezcaballeros
17 de julio de 2016
jerez de los caballeros
 
CORRIDA MIXTA 6 TOROS de
ARUCCI y CAYETANO MUÑOZ
ANDRÉS ROMERO
Emilio Martín
Fernando Flores
 
QUERER Y PODER

También en la complejidad se crece. En la prueba a que somete lo difícil, lo que cuesta, lo que no sobreviene sino que hay que trabajarse apoyado, primero, en la voluntad decidida de ganar y, después, en el poso de la técnica y del oficio que se sigue forjando porque se sigue trabajando, se sigue ilusionando, se sigue soñando y se sigue avanzando… Hoy fue tarde cuesta arriba porque el lote de Arucci fue sencillamente infumable. Duro. Áspero. Ingrato. Un lote de toros de ésos que te esperan con ganas de cazarte y de dejarte en evidencia. Pero no lo hicieron y Andrés Romero se impuso a ellos a base de querer y de poder. Tres orejas de peso por lo mucho que costó lograrlas.

 

Tuvieron malas ideas similares ambos ejemplares de Arucci. El primero, de salida, arreó cuando el viaje ponía rumbo hacia los adentros, cuando se sabía en los dominios de su querencia. Tuvo pulso y temple frente a la destemplanza Andrés como para evitar que el burel alcanzara a Bavieca tantas veces como lo intentó. Tras los dos rejones de castigo iniciales, el onubense sacó a Cheke en banderillas y ya entonces todo fue el toro agazapado y esperando para hacer presa y el torero llegando una y otra vez, arriesgando en todas porque en todas hubo de asomarse mucho al balcón del límite, ya que sólo así encontraba respuesta en su enemigo. Respuesta que fue siempre a la defensiva y tosca. Ganaba cada pulso quien se anticipara al otro, quien le ganara la acción a su oponente. Lo hizo Romero las más de las veces tanto con el propio Cheke como luego con Odiel, que tuvo que prolongar su tierra a tierra todo y más para llegar mucho a la cara y provocar, más que ya la arrancada, la acción del de Arucci. Acción que, a esas alturas, se limitaba a derrotes secos y malintencionados. A la caza. Por eso tuvo tanto mérito el carrusel de cortas con Bambú, con el toro muy cerrado ya, esperando siempre, pero aún así ligado y reunido. Pinchó Andrés Romero antes de cobrar un rejón entero con Chamán y todavía debió echar pie a tierra para descabellar. Quizá por eso el presidente sólo le concedió una oreja de las dos que le pidió el público.

 

El cuarto tuvo menos clase aún, más mala baba, peor entraña. Incluso más declarada todavía que su hermano. Y eso que, de salida, en los encuentros con Perseo, pareció que iba a ser poco cosa, pero no tan desaborida. Por eso cambió el tercio el rejoneador de Escacena del Campo tras un único rejón de castigo. En banderillas, el toro, que estaba entero, se vino arriba en su instinto de defensa y nunca lo puso fácil. Vendió caro cada encuentro. Un cara o cruz fueron la mayoría. Muy enrazado y enfibrado, Romero dio muestras en todo momento de su certeza de que, al final, ganaría él el pulso. Sacó a Kabul para inaugurar el segundo tercio y clavó con él tres banderillas con el mérito de imponer la clase de esta gratísima novedad de su cuadra a lo áspero y arisco del de Arucci. El tercer rehilete sobre todo, planteado y ejecutado entre las dos rayas de picar, del tercio para adentro, en la querencia del toro por tanto, tuvo riesgo, emoción y belleza por la forma impoluta en que Romero la hizo verdad. Muy bien Kabul, confirmando tanto como lleva dentro. Cada vez más parado ya el burel, aguardando hacer presa, tuvo el jinete onubense que apostar alto también con Guajiro en las dos banderillas que clavó gracias a que se metió casi entre los pitones para provocar, batir, clavar y salir. No eran las mejores circunstancias para un debut, pero Andrés se decidió por presentar en público a Flamenco, su última adquisición. Es joven, pero destila un buen aire que no pasa desapercibido. Y tuvo el valor necesario para, como Guajiro antes, echarse encima del toro y sortear su feo derrote. Clavar las cortas con Chamán y con el toro completamente rajado fue casi heróico, como pasar por donde no se cabía para dejar un rejón entero de efecto inmediato. Fruto del derrote en el muslo que había sufrido antes al clavar con Flamenco, Andrés Romero echó pie a tierra cojeando, como si volviera de una pelea, de una dura pelea. Pero con los brazos abiertos en señal de triunfo y la sonrisa plena de quien se sabe ganador. En efecto, había peleado con raza y había ganado con ambición. Querer y poder, dos condiciones imprescindibles para ser torero, el oficio más difícil del mundo. 

Ficha del Festejo
Plaza de Toros de JEREZ DE LOS CABALLEROS. Media plaza. Se lidian dos toros para rejones de ARUCCI y cuatro novillos para lidia a pie de CAYETANO MUÑOZ.
 
ANDRÉS ROMERO: oreja con petición de la segunda y dos orejas con petición del rabo
Emilio Martín: ovación y dos orejas
Fernando Flores: dos orejas y dos orejas
 
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